El canto de la sirena

Siempre soy la sirena,
el mito,
lo inalcanzable,
la luz
y la naturaleza
prohibidas.

Acerco mi boca rosada
al oído de los navegantes
y les encanto,
les enseño otro mundo,
luego cierro la puerta.

Ellos se marchan,
se conocen mejor
ahora.
Llevan consigo
un leve olor a sal,
y a ostras,
que hace que su elección
de tierra
sea ya más sincera.

Y yo me quedo
entre mis olas;
a veces deseando
ser sus mujeres,                                                                                                                  cercanas y mediocres,
cotidianas, pequeñas,
amadas;
deseando no sentir este miedo
a ahogarles,
a que nadie jamás
pueda tragarse toda mi agua.

Y yo me quedo
cantando sola,
sola sobre las olas la sirena.

Gracia Aguilar Almendros

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